Entran al ascensor y suben hasta la sexta planta. Las puertas se abren de nuevo y tras ellas aparece un cálido pasillo color anaranjado que les dirige hacia una puerta de madera clara. Abre la habitación, que está a oscuras pero tras las cortinas se contemplan lucecillas de Navidad. Mientras, observa aquel habitáculo y lo recorre de arriba a abajo,mira hacia el jacuzzi, pasa la mano por la cama, abre el vestíbulo, deja el bolso encima de un bonito sillón rojo y abre las cortinas, buscando qué sé yo. Se gira de nuevo y lo ve apoyado en la puerta con una bandeja de fresas, chocolate y cava y vistiendo la mayor de sus sonrisas, que de todo aquello era lo mejor.
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